Cómo interpretar un mandala: Saber leer

Aquí está un artículo completo y muy bien documentado sobre los mandalas. A continuación les contaremos todos los detalles sobre los mismos, haciendo hincapié en cómo interpretarlos y cómo saberlos leer.

Además, en este artículo encontrará cómo crear su propio mandala y cómo interpretarlo. También les proporcionaremos una explicación de Suzanne Fincher, apasionada terapeuta de arte estadounidense, que explica cómo interpretarlos y cómo crear su propio mandala.

Un mandala es un diagrama de energía que muestra el ciclo de la existencia

Círcular, cuadrado, triángular … en todo santuario que elegimos visitar, nos encontramos con estos ejercicios de geometría sagrada en silencio, con su propia influencia y conexión con la magia mística y ancestral. Donde quiera que vayamos en el mundo, seguramente vamos a encontrar estos mandalas y sus potentes dibujos, como tantas llaves para abrir las puertas al infinito.

“Nos encontramos con mandalas en todas partes: son celtas, árabes, hindúes, nativos americanos, etc.”.  Lo que está claro es su razón de ser. Para que podamos sanar a través de ellos. Los mandalas se utilizan para estimular y generar abundancia, armonía y salud a cualquier persona que desee trabajar con ellos, copiarlos y colorearlos.

Cada color que se elija para colorear mandalas tiene importancia para la curación. Meditando sobre el color utilizado, se ve al corazón y a la esencia humana. Se debe elegir con los ojos cerrados la coloración de su mandala, y luego leer el significado de los colores.

Significados de los colores de los mandalas

El rojo, sirve para curar la pereza y la indolencia, si sufre, le ayudará a dirigir su vida hacia las metas establecidas previamente. Los mandalas de color rojo ayudan a vivir con coraje todos los días.

El negro es el color oeste, donde el sol se pone. Un mandala con una gran cantidad de negro esconde detrás la necesidad de un tiempo de reflexión, de purificación, un “stop” para observar y deshacerse de todo lo que pesa.

El blanco cuyo elemento es el aire y la dirección del Norte es la mente perfecta, indica lo intuitivo. En los mandalas, el espacio en blanco es el símbolo de contacto de nuestra mente con el Espíritu Supremo y denota el deseo de recibir ideas más elevadas o el de alcanzar niveles más altos de comprensión de lo divino en lo humano.

El amarillo, representa el intelecto o el espíritu, dice expresando el desarrollo, la claridad, la inteligencia sabia, el despertar; refleja el crecimiento y la evolución de la marca; teniendo un aspecto sereno, gratificante, emocionante, y anunciando una cierta capacidad de previsión.

El azul representa lo espiritual o lo sublime, manifestando y desafiando todos los límites: un personaje se mueve hacia lo que a veces se adivina con la imaginación, soñando con los ojos abiertos, con las mujeres (ternura y generosidad) y con la apertura espiritual.

El verde en un mandala representa el elemento tierra, es decir, el aspecto de nuestra personalidad más abierta, noble y desbordante. Indica el crecimiento saludable de todo lo que germina en nosotros, mostrando lo natural y lo obvio, la lógica, la precisión, y la necesidad del espacio personal.

El naranja indica un período de calor y de satisfacción. Su energía, más moderada que el rojo, promueve la alegría. Es el color de la renuncia mundana en favor de los objetivos espirituales superiores.

El violeta, muestra lo lúdico y lo trascendente, finalmente unidos en armonía. La vida que florece con lo espiritual, el material en una fusión caliente entre el sujeto y el objeto, el encanto de conocer un “nosotros” más que “yo”.

El marrón es el color que transmite los recuerdos de tierras fértiles y cosechas o la tierra lista para la nueva siembra. Representa el campo despejado, la vida que se abre a nuevos horizontes, el alma que se descubre. El marrón sugiere lo que encontramos ahora, y que todo lo que sucede ya ha ocurrido.

La fuente de transformación psicológica de un Mandala

El mandala es una representación simbólica de la energía, demostrando el funcionamiento del universo e interactuando con nuestro funcionamiento mental.

El contacto con los mandalas es un período fundamental de la vida, pudiendo ser utilizado como fuente de curación y como práctica profesional en el psicoanálisis. Si, desde entonces, los mandalas hechos por monjes budistas (una vieja práctica de más de 2000 años) fascinan cada vez más hoy en día en el mundo occidental por la belleza, los planos de detalle y de paciencia que requieren para su realización (citamos el mandala de arena Kalachakra hecho en París por Villette en 1995 y la Defensa en 2001 que atrajo a miles de personas), siguen siendo un gran misterio en cuanto a su utilidad. Además la única condición de que podrían justificar su presencia, a saber, es la de una obra de arte, la cual no se sostiene y por una buena razón: el mandala tiene una vida corta e incluso a menudo son destruidos una vez completados. ¿Entonces?

Trabajo sutil y completo

El mandala no es un objeto de arte a rondar por los pasillos del Louvre. Es una representación simbólica de la energía y el funcionamiento del universo interactuando con nuestro funcionamiento mental.

Si, en un contexto occidental (tan lejos de la tranquilidad y la atmósfera de la alta meseta del Himalaya), el mandala se observa con admiración como una curiosidad cultural de una época pasada, en un contexto del Este, India o Tíbet, por ejemplo, considerándose como una disciplina importante y proporcionando apoyo para la meditación, el auto-conocimiento, el desarrollo espiritual y la ‘relación’.

El Mandala, en sánscrito, significa “unidad de círculo con una idea de finalización”. Si tomamos la palabra tibetana equivalente, dKil-Khor, añadimos además el concepto de centro y la circunferencia / periferia con un sentido de la integridad y la interdependencia entre el centro y la periferia. El sistema solar es, pues, un mandala como el cuerpo humano o el funcionamiento de la mente y la psique. ¿Y cuál es el punto de conexión entre estos tres sistemas aparentemente distantes y diferentes? Los 5 elementos, denominados naturales y comunes de todas las edades y tradiciones. Se incluyen en la composición de mandalas, garantizando la cohesión / unidad a un nivel burdo y sutil. Y es a través de esta puerta de enlace esencial, simple y obvio, que podemos hacer uso de ellos.

La unión con los mandalas

La meta de los mandalas es la de guiarnos a la unidad de nosotros mismos, tanto en la vida como en el momento de nuestra muerte. Esto se logra en 2 o 3 dimensiones en un medio físico, ya sea fuera o dentro, su función es la misma: para ayudarnos a superar la dualidad, el sufrimiento, para recordar que en cada momento todo es impermanente, compuestos por situaciones interdependientes, transitorias, conectándonos la mayoría con el centro de nosotros mismos, siendo la fuente de equilibrio y de sanación.

Giuseppe Tucci, en su libro “la teoría y la práctica de los mandala”, define al mandala como “un mapa cósmico que representa el universo en su totalidad con respecto a sus estructuras esenciales, como el proceso de emanación y reabsorción. Sin embargo, el mandala es no sólo un cosmograma sino también un cosmograma-psico (….). Así, el uso de un mandala ayuda a recuperar la unidad de la conciencia indivisa y restaura en sí mismo el principio ideal de las cosas”.

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