Mandalas tibetanos para colorear y meditar: Diseños

En la actualidad oímos en todas partes la palabra Mandala, aunque poco entendamos ¿Es una simple moda? ¿Una expresión del arte? ¿Un artificio para la meditación? ¿Forma parte de lo sagrado o es profano? Muchas clases de interrogantes surgen, hablemos del tipo que hablemos. El siguiente posteo trata un poco de eso, pero centralizado en un estilo muy particular, usado sobremanera por el budismo. Te presentamos mandalas tibetanos para colorear y meditar: diseños de toda clase. Porque es bueno entretenerse y aprender o, mejor dicho, aprender mientras nos divertimos, ya que es una falacia separar esas actividades tan hermosas ¡No te pierdas la nota!

El budismo, pese a que tiene cierta raigambre en Occidente, siempre nos ha parecido sumamente misterioso. Y es algo evidente, ya que subvierten muchas categorías, comprenden de distinto modo una gran cantidad de cuestiones como lo haría una religión, por ejemplo, cristiana ¿Esos monjes fungen de sacerdotes? ¿Sus discípulos qué son? ¿Hay santos? Y, lo que más inquietud da, ¿tienen un Dios? Si, siempre hay una enorme tendencia humana de analizar lo distinto a partir de lo propio (el etnocentrismo es egocéntrico).

Ahora bien: semejante introducción solo sirve para decirte que si tenemos una imagen del Budismo fuerte por lo general proviene del Tibet y justamente ahí es donde más se apela a los mandalas. Naturalmente, no tienen una significación esa labor de entretención como nosotros le podemos dar, sino que todo se embebe en la sacralidad, el respeto, la paciencia y, sobre todas las cosas, la creencia.

Khil-Khor es la palabra exacta para anunciar o decir mandala en tibetano ¿Qué quiere decir? De algún modo el centro y los alrededores. Recordemos que en esta expresión sagrada suele generarse una bella síntesis entre lo interior del individuo y lo exterior del mundo, debido a que se comprende que esos componentes están siempre en estrecha relación.

Para el budismo tibetano los mandalas tienen  una enorme importancia: algunos de ellos, en primer lugar, sirven para la meditación y el trabajo de los grandes maestros, es como un modo de seguir mejorando, elevándose, en el caso de los enaltecidos; asimismo, también sirven como iniciación, como manera de introducir a un discípulo (el maestro) al mundo de este ritual, además de las maneras de cofeccionarlos; por último, muchas comunidades piden la contruscción de mandalas para colaborar en desastres naturales, traer paz y parsimonia, bendecir medicinas específicas o simplemente tenerlo como objeto de veneración.

Por último, hay que anunciar que los mandalas tibetanos pueden ser creador en tela coloridos, sobre arena o ser simplemente visualizados. Antiguamente se los coloreaba con piedras preciosas, teniendo en cuenta los colores particulares indispensables para la obra.

 

Los mandalas tibetanos tienen distintas funciones de acuerdo a la figura que representen: pueden dar lugar a la fuerza, la longevidad, la sabiduría, la compasión. Incluso el rojo da a entender el poder, el blanco la paz. Aquí de todos modos vamos a jugar a que tu, querido lector, los coloree como te salga, apelando a una terapéutica no tan sacra (necesitarías cierto bagaje al respecto), pero sí sumamente funcional a los grandes menesteres y problemáticas de cualquier ciudadano de la actualidad.

¿Por qué los mandalas parecen denirnos algo? Y no estamos apelando a una sapiencia budista, a una cuestión supranatural, por lo menos ahora, sino a la estructura, a lo formal de su existencia y no tanto lo material. Y tenemos una respuesta: todas las formas mandálicas han sido utilizadas por distintos credos, incluso iglesias cristianas exhiben este arte en sus vitrales. Es que de por sí la idea de estructuras equidistantes alude a la perfección. Sí, siempre hemos sido locos por la simetría, incluso algunos filósofos han emparentado a esta como la verdadera definición de la belleza, lo estético por antonomasia. Por otro lado, el volver a sitios similares, la recursividad del proceso recuerda el mito del eterno retorno, así que ahí hallamos grandes temáticas que pueden ser utilizadas por cualquier religión o credo.

 

Los tibetanos anuncian que sus mandalas tienen un significado exterior, interior y otro secreto. El exterior hace referencia al mundo, a la perfecta formalidad de lo divino; lo interior es un mapa para que la mente del iniciado (y los perfeccionados) encuentren la iluminación; y el secreto, finalmente, habla del balance perfecto entre mente y cuerpo a nivel energético. Rasgos que se pueden percibir sobre todo, se dice, en aquellos mandalas erigidos a partir de la arena.

Los mandalas tienen significaciones tan profundas que solo nos pueden sorprender. El budismo tibetano piensa que toda persona (por más que no sea un colaborador activo) que observe la construcción y destrucción de un mandala si es de arena va a tener efectos purificacores en su alma y cuerpo. De hecho, es muy normal observar este proceso en el budismo tibetano: confección, veneración y destrucción. Y el mensaje es muy sencillo: nada escapa a la disolución, incluso estos fenómenos que se pueden entrender como sacros.

 

 

¿Y qué hace un individuo de una cultura bien distante ante semejantes lecturas sagradas de un arte y artificio para miles de cosas? ¿Queremos ser maestroas ascendidos? ¿Un buda determinado? ¿Colaborar con la paz de una comunidad? Seguramente no, pero sí con la tranquilidad de nuestra escueta, pero igualmente sustantiva existencia. Está comprobado que dibujar sin mucha rigidez, crear con escasas prescripciones o simplemente colorear (donde los formatos ya están edificados) libera la mente, nos hace esquivar por algún momento grandes problemáticas, nos pone contentos, nos atenemos a simples trazos o colores a utilizar. No es un volver a la niñez; es esgrimir el poder purificador de una actividad muy sencilla. Bueno: aquí queremos que hagas eso con mandalas, para esta ocasión tibetanos.

 

Pensemos lo fugaz que es la vida, aunque ese tópico no interese en una sociedad donde el tiempo es tirano, en la que hay que producir constantemente y cuestiones por el estilo. ¿Cuánto tiempo dormimos? Se dice que un tercio de la vida por lo menos. ¿En el retrete? ¿Frente a un televisor? ¿Yendo de un sitio a otro? ¿Haciendo nada? Bueno, claramente si descontamos todos esos fragmentos la idea de celeridad o fugacidad se convierte en algo más patente.

Pero eso no es algo para torturarnos, sino en todo caso para apreciar más el milagro del existir, por lo menos tenerlo presente un poco más seguido. Los budistas tibetanos con sus mandalas intentan graficarlo no solo en sus esquemas rigurosos, concéntricos o intrincados para un ojo diletante, sino por el mero hecho de construir mandalas, venerarlos y destruirlos, guardando parte de su arena en cofres y otras dándola a los presentes con motivos sanadores, purificadores y de paz. Sí, vamos a morir irremediablemente, aunque la esperanza de vida siga extendiéndose y se inventen miles de artilugios para dilatar nuestra presenta en este mundo. Tal vez no sea, como anuncia este arte, la cantidad de tiempo lo importante, sino su calidad.

Los mandalas, con sus diferencias, intentan graficar esa relación entre el microcosmos y el macrocosmos, entre uno y el universo. Una visión con la humildad suficiente de no hacernos considerar semejantes a un Dios y superiores al resto de existencias; pero sumamente sustantiva si se tiene en cuenta que pese a ser un grano en el cosmos todo lo que somos se desarrolla a niveles tan superlativos.

Naturalmente, habrá variaciones en el modo de graficar semejantes vicisitudes, pero no hay que olvidar que no dejan de ser eso: un arte que plasma nuestro existir, una mezcla de sacralidad, veneración, estética, trabajo y cuestiones por el estilo.

 

Los mandalas tibetanos son construcciones efímeras porque si no son simples visualizaciones por lo general se los confecciona en arena bien lábil. Aquí nosotros ya proponemos una transformación porque hacemos estático lo que simplemente tendría que ser bastante más efímero. Por otro lado, la construcción de estas bellezas les suele llevar casi 30 días a un buen cuerpo de monjes budistas, dispuestos en distintas fracciones para con varas metálicas crear sus meandros y simbología precisa. Puede ser arena teñida simplemente o, de manera escasa como se hacia en tiempos pretéritos, con piedras preciosas. Más allá de eso, es producto de meditación, concentración, para pasar a procesos de veneraciones y luego ser finalmente destruido, regalado o arrojado a un río. Los mandalas tienen significaciones sociales si se quiere porque ayudan a pueblos enteros y no solo se reducen en el perfeccionamiento de un monje, por ejemplo.

 

Pero estamos muy lejos de esa sacralidad, justamente dando cuenta de la variedad de funcionalidades que puede tener un objeto específico, de lo plástico que es en sus actividades el ser humano. Aquí los volvemos estáticos, los creamos simplemente en la mayoría de los casos para divertirnos y finalemente veremos qué pasa con lo producido ¿Eso está mal? Obviamente no: primero porque la entretención es savia para la existencia humana, segundo porque se puede generar veneraciones de todos modos, obtener estados de paz, tranquilidad, armonía tan indispensables en un mundo lleno de presiones, obligaciones, vorágine en el sentido lato. Así que aquí a los siguientes mandalas tibetanos les puedes dar la funcionalidad que quieras, querido lector.

 

Siempre se ha querido representar al artista como un tipo pueril, bohemio, inmaduro e improductivo para la sociedad. Esos seres que no quieren ni anhelan convertirse en un retazo útil del sistema, que no creen en esa abstracción llamado trabajo asalariado para ser felices. Sí, quizás todos somos un poco artistas cuando nos cansamos de lo mismo, la rutina nos destroza y necesitamos un poco de aire puro, de cambio ¿La realidad es frustrante? ¿Las preguntas profundas las esquivamos pero tampoco pretendemos las superficiales? Entonces es momento (siempre lo es) de obtener una práctica, de llevar adelante una actividad que rompa un poco con todas esas cuestiones, además que el simple aprendizaje libera, nos hace sentir muy bien. Por eso aquí te presentamos estos mandalas maravillosos para colorear e incluso, si es de tu agrado, utilizarlos como meditación. Es más: puedes auparte en la costumbre tibetana de la destrucción luego de la veneración de los modelos, para luego contruir flamantes en una rueda que no se acaba y que encima te perfecciona.

No es eclecticismo barato el aprender de culturas formas de hacer y existir distintas. Hablan de una gran sensibilidad humana incorporar cuestiones distintas, que incluso en un principio pueden semejar o parecer chocantes ¿Que representamos nuestro vivir en un esquema extraño? ¿Que hay una conexión profunda entre nuestro ser pequeño, austerio y efímero y el monumental cosmos? ¿Abocarnos horas y horas a simples meandrios, símbolos estrambóticos y dédalos abstrusos? Sí, todo eso y mucho más son los mandalas si nos sirven para hallar la paz interior, eludir entuertos y resolver de mejor modo los problemas que siempre nos muestra esta vida.

Aquí te dejamos una enorme cantidad de mandalas tibetanos para colorear y, si te animas, luego esgrimir como objetos de veneración. Esperamos que el posteo haya sido de tu agrado, querido lector.

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